¿Qué es la leishmaniosis?
Es una enfermedad parasitaria (producida por un protozoo del género Leishmania) transmitida por un mosquito (del género flebotomo) que no solo afecta a los animales, sino también a las personas, por lo que se trata de una zoonosis. Por este motivo es tan importante conocerla y proteger a nuestras mascotas frente a ella.
Es endémica en 98 países, con una prevalencia especialmente elevada en la región mediterránea y en regiones de Sudamérica.
En España, las comunidades con mayor prevalencia son Andalucía, Baleares, Valencia, Murcia, Cataluña, Extremadura. En la zona suroeste de la Comunidad de Madrid se han registrado focos importantes.
Según la OMS, cada año se producen en el mundo aproximadamente 1 millón de nuevos casos en personas.
La época de mayor riesgo es entre abril y octubre, que es cuando se dan las condiciones climatológicas adecuadas para el vector (el mosquito).
¿Qué signos clínicos produce?
Son muy variados, algunos muy inespecíficos y generales como pérdida de peso, atrofia muscular y aumento del tamaño de los linfonodos.
Se pueden producir lesiones cutáneas: dermatitis seborreica, hiperqueratosis nasal, vasculitis, alopecias, crecimiento exagerado de las uñas… y lesiones oculares (conjuntivitis, queratouveítis), epistaxis…
Suelen desarrollarse de forma lenta y progresiva, a veces a lo largo de varios meses o incluso de varios años.
¿Cómo puedo detectarla en mi perro?
Es muy importante realizar un test rápido anualmente aunque hay que saber que tiene limitaciones (falsos negativos y resultados positivos en los que hay que diferenciar si realmente está enfermo o no) por lo que el diagnóstico de leishmaniosis canina ha de ser un proceso integrado en el que se sume la información de la historia clínica (raza, hábitat, actividad, viajes…), el examen físico (detectar signos clínicos compatibles), las alteraciones laboratoriales ( hemograma, bioquímica, proteinograma, urianálisis…) y los resultados de pruebas inmunológicas más sensibles y específicas como las técnicas serológicas cuantitativas (IFI, ELISA…). En ocasiones pueden ser necesarias otras técnicas más complejas (PCR, histopatología e inmunohistoquímica, cultivo en medio específico) para detectar el parásito en médula ósea, nódulos linfáticos, bazo…
¿Tiene tratamiento?
Sí, aunque los tratamientos son largos y costosos. Se puede producir la curación clínica del animal (aunque tarda meses en conseguirse) y la disminución del poder infectante del perro tras el tratamiento, aunque no se produce la curación parasitológica.
Para elegir el mejor protocolo de tratamiento, hay que clasificar previamente al perro en unos estadios en los que se tiene en cuenta la serología, los signos clínicos y otras alteraciones laboratoriales.
¿Cómo puedo proteger a mi perro?
1º LÍNEA DE PROTECCIÓN:
El uso de repelentes tópicos (collares, pipetas…) es uno de los métodos más utilizados para prevenir la enfermedad; sin embargo, aunque su uso sea correcto, estos productos no tienen la capacidad de proteger ante todas las picaduras y son necesarias más medidas de control.
2º LÍNEA DE PROTECCIÓN:
Disponemos de una vacuna recombinante para conseguir una respuesta inmune dirigida, eficaz y con un elevado nivel de seguridad.
- 1 sola dosis anual.
- Protección desde los 28 días.
- A partir de los 6 meses de edad.
- No interfiere con los test serológicos.
- Solo deben vacunarse perros sanos
- 72% de eficacia. Un perro vacunado tiene 5 veces menos riesgo de desarrollar la leishmaniosis y 9.8 veces menos riesgo de presentar signos clínicos. Además, se reduce la carga parasitaria en el bazo y los nódulos linfáticos.
3º OTRAS MEDIDAS PREVENTIVAS:
- Evitar que el perro duerma al aire libre y, en general, evitar las actividades al aire libre al amanecer y al anochecer, especialmente en zonas endémicas, zonas cercanas a lagos, ríos… y materia orgánica en descomposición.
- Colocar mosquiteras en las ventanas de casa y/o usar repelentes de mosquitos para el hogar.
